Noche de brujas

«―Una bruja nunca debe asustarse en el bosque, ni siquiera en el más oscuro ―le había dicho una vez la abuela Weatherwax―, porque tendría que saber que lo más aterrador en el bosque es ella misma.»

          Acostumbrados como estamos a verlas encasilladas en papeles antagónicos, siempre perversas y crueles, resulta difícil imaginar a una bruja temblando de miedo, pero eso no significa que no pueda ocurrir. A veces, incluso ellas, tan poderosas y extraordinarias, se asustan. Eso me confesó en cierta ocasión Tiffany, una de las muchas brujas que conozco, aunque ella jamás osaría confirmarlo en público. Las brujas prefieren ser temidas. ¿Qué sería, si no, de esas mujeres que viven solas en cabañas hechas de chocolate, jengibre y caramelos en mitad de un mar de pinos y robles? Niños (y no tan niños) se comerían sus paredes y sus tejados. El mito tejido a lo largo de los años no evita que, de tanto en cuando, un par de hermanos hambrientos (el hambre hace olvidar la prudencia) se lancen a devorar sus picaportes y contraventanas, pero mantiene a una distancia prudencial a la mayoría.
          En general, el miedo funciona. Solo los insensatos y los necios son inmunes a él. ¿A quién se le ocurriría desembarcar en Eea, sabiendo que allí mora Circe, de no ser así? Nadie en sus cabales se aproximaría a la costa de un lugar en el que habita una mujer que, a capricho, convierte a cualquiera en un animal. Muchos no lo harían ni siquiera sabiendo que contarían con la ayuda de Hermes. ¿O a quién se le ocurriría contrariar a alguien capaz de sumergir a todo tu reino en un sueño sin fin? Un rey sabio no busca su propia desgracia, sino que trata de hacerse con el favor de brujas y hadas, en especial si conoce el camino a Ávalon y se topa con la más bella y buena de todas. Pero no todos los reyes, o aspirantes a reyes, destacan por su cordura. Algunos hasta buscan consejos donde no deben. Bien es sabido que muchas brujas (sobre todo si tienen un par de hermanas también brujas con las que reunirse en torno a un caldero humeante) disfrutan envenenando el juicio e hilando el destino de los hombres, pero a algunos reyes y reinas se les olvida. Hay hombres tan carentes de sensatez que incluso parten en busca de brujas para descubrir el significado del miedo.
          El miedo es intrínseco a la naturaleza de las brujas y ellas lo saben, pero, al contrario de lo que se cree, son muy pocas las que se aprovechan del terror que provocan. Por norma, prefieren vivir ajenas e indiferentes al mundo. Casos como el de la tierra de los winkies, gobernada por una bruja desde una siniestra fortaleza, o el largo invierno en el que Jadis sumió Narnia son raras excepciones. Lo habitual es que solo se dejen ver en el mundo mortal por necesidad ―qué sé yo, en busca de una estrella caída para alimentarse de ella y que la belleza perdure durante un par de siglos más― o casualidad ―quizás en una estación de tren, cargadas de maletas, o puede que en mitad de la nada, puesto que las brujas gustan de volar para ir de un sitio a otro―.
          Es una rara suerte encontrarse con una bruja, pero si se es lo suficientemente afortunado, se pueden aprender muchas cosas, como por ejemplo que uno no debe servirse de migas de pan para marcar el camino que ha seguido al adentrarse en un bosque si lo que quiere es regresar o que, a veces, hasta los dioses se amedrentan.

 

    Con Halloween a la vuelta de la esquina, he querido hacer un recorrido literario por distintos mundos en los que las brujas cobran especial importancia. Desde bien pequeño me han cautivado, y mi memoria está plagada de señas indelebles que han ido dejando unas y otras a su paso.

    Os dejo una relación con los libros, obras y cuentos mencionados:

― Mundodisco 30ª, 32ª, 35ª, 38ª (Los pequeños hombres libres, Un sombrero de cielo, La corona de hielo, Me vestiré de medianoche), Terry Pratchett
― Hansel y Gretel, los hermanos Grimm
― La Odisea, Homero
― La bella durmiente del bosque, Charles Perrault
― Vita Merlini, Geoffrey Monmouth
― Macbeth, Shakespeare
― Juan sin miedo, los hermanos Grimm
― El maravilloso mago de Oz, Lyman Frank Baum
― El León, la bruja y el armario, C.S. Lewis
― Stardust, Neil Gaiman
― Saga Harry Potter, J.K. Rowling
― Saga La materia oscura (Luces del norte, La daga, El catalejo lacado), Philip Pullman

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